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martes, 15 de marzo de 2016

Reiki para acompañar los procesos de transformación

Por Vanesa Maiorana.
Publicado en Revista Uno Mismo. Diciembre 2014

La trama vital

Nuestra Tierra está repleta de vida y creación. Nuevas formas se crean todo el tiempo en la naturaleza. Los seres humanos  creamos y construimos: casas, edificios, puentes, etc. En el plano mental, nuevas ideas, proyectos, estructuras mentales nacen todo el tiempo. En el plano espiritual: nuevas conexiones y nuevas formas de ver la vida, nuevas creencias, nuevos sentidos, nuevos saltos a vibraciones desconocidas,  en forma individual y colectiva. Creación y creatividad inundan nuestro Universo, el  Planeta Tierra, nuestra vida y nuestro interior.

Como contrapartida,  también hay muerte y destrucción. Los seres vivos mueren cuando enferman o cuando, por el paso del tiempo, pierden vitalidad. Las formas que construimos se destruyen, se rompen o se deterioran. Las ideas dejan  de ser útiles, las teorías pierden su validez, las creencias se desmoronan, estructuras y patrones internos se quiebran cuando crecemos y maduramos.  Algunas formas vinculares también pierden vitalidad y se terminan etapas en los vínculos. Lo que creemos que somos, la imagen que tenemos de nosotros mismos,  es cuestionada y muere más de una vez en la vida, cada vez que alguna crisis importante nos invita a preguntarnos ¿quién soy?.

Toda forma, sea un cuerpo, una célula, un puente, una casa, una montaña, una ciudad, una idea, una teoría, una creencia, una religión, una forma de pensar, una identidad,…un día será nueva y resplandeciente y a su tiempo perderá su fuerza vital, para dejar lugar a algo nuevo.

Algunos comienzos llegan cuando algo se termina, porque lo que finaliza deja un espacio nuevo y fértil y libera energía estancada que queda a disposición.  Otros comienzos empiezan a pulsar como una energía que proviene de algún lado, y dan impulso y fuerza para poner fin a otras cosas que es necesario cerrar. Comienzos y finales están entrelazados en el tiempo, sin que podamos darles un orden lineal, sin que podamos diferenciar si alguno  está ocurriendo primero, ya que no hay final sin nuevo comienzo ni nuevo comienzo sin final.  La muerte o cierre de etapas  libera energía estancada. Cuando algo nuevo pulsa por nacer (aunque no seamos conscientes de ello), empieza a hacer fuerza para que otra cosa se termine y le deje lugar.

Transformación

Las hojas que caen de un árbol son formas que ya han cumplido la función de participar en la generación del alimento a través del proceso de fotosíntesis. Una vez que esas hojas ya han cumplido su ciclo, no son más necesarias y entonces caen y mueren. El árbol queda vacío de hojas, y descansa durante el invierno. Esas hojas, que ya no tienen vida, caen y liberan la energía acumulada a través de un proceso de descomposición. Esta energía liberada es aprovechada por la tierra, que queda fértil para cuando el árbol libere las semillas.

Las células de los organismos vivos mueren y se regeneran todo el tiempo, pero el organismo que las contiene no muere con esta muerte celular. Por el contrario, se beneficia de esta renovación para mantener su estado de salud.  Y si quisiéramos retener todas las células, entonces el organismo estaría lleno de células muertas o poco vitales que ya no pueden cumplir su función.

Si buscamos en la naturaleza y el Universo, encontraremos que dentro de todos los procesos, aparece la muerte como un paso fundamental y necesario para mantener el equilibrio y la vida.

Es fácil comprender la necesidad de la muerte cuando nos referimos a las hojas de un árbol o a las células que mueren en el cuerpo diariamente. Pero cuesta  aceptar la muerte de personas que queremos y   es sumamente difícil cuando lo que tenemos que dejar morir son ideas, estructuras, imágenes de nosotros mismos, proyectos, pertenencia a lugares o grupos, patrones, etapas, vínculos, etc.  Cuesta dejar morir aquello a lo que nos apegamos, con lo que estamos identificados o que nos da sensación de seguridad.

Ante la muerte o los finales, podemos sentir miedo, vulnerabilidad,  sensación de vacío, incertidumbre. Pero  al entrar en contacto profundo con estas emociones, nos daremos cuenta que detrás del miedo, hay un enorme deseo por lo nuevo; en el vacío hay libertad;   en la incertidumbre hay confianza porque todo es posible.  Por lo tanto, sabemos profundamente que detrás de todo fin o toda muerte, hay algo nuevo que pulsa por salir desde lo más profundo del alma para manifestarse.

La energía vital: fuerza creativa y destructiva

La energía vital es la energía que mantiene los  sistemas en equilibrio. Todo sistema tiene un mecanismo llamado homeostasis que le permite restablecer el equilibrio cuando éste es afectado por algún estímulo externo.  En el caso de nuestro organismo, este sistema mantiene la salud del cuerpo, tanto física como mental, emocional y espiritual.

REIKI es  uno de los nombres con los que denominamos a la energía vital de la que hemos estado hablando. También recibe el nombre de Ki, Chi, Prana en diferentes prácticas y filosofías tales como Yoga, medicina china, meditación, Chi Kung, Tai Chi, etc.

También REIKI es el nombre de la práctica específica que aumenta el flujo de energía vital en el organismo. Reiki activa la capacidad natural que tiene el organismo de sanarse a sí mismo, es decir, de mantener su equilibrio. Por eso, la práctica aumenta el estado general de salud y bienestar. Pero como hemos venido analizando en este artículo, el estado de salud requiere que se destruya o muera aquello que ya no sirve para mantener el sistema vital, estemos dispuestos o no conscientemente.

La fuerza vital es tan creativa como destructiva. La creación viene inevitablemente ligada a la destrucción y viceversa. Al incorporar la práctica en la vida diaria, nos acompañará en este fluir incesante de inicios y finales, regenerando y renovando la fuerza de vida.

Si estamos apegados a las formas, lógicamente nos maravillaremos ante la fuerza creativa y negaremos o rechazaremos la fuerza destructiva de la energía. La comprensión profunda de que la vitalidad está allí donde nos entregamos a la creación y a la destrucción con igual disposición, nos permite comprender realmente el poder de Reiki.

Solo colocamos las manos….

Cuando practicamos Reiki, no tenemos control sobre lo que ocurrirá ni cuáles serán los efectos concretos, solo sabemos que la energía hará lo necesario en cada caso.

Cuando nos damos Reiki a nosotros mismos, vamos comprendiendo que esta energía actúa por sí misma, yendo a aquellas zonas del cuerpo donde más lo necesitamos, calmando nuestra mente si los pensamientos dominan, sanando heridas emocionales si tenemos angustias contenidas, etc.

Cuando damos Reiki a otra persona, no necesitamos saber si tiene algún problema de salud, o qué le está pasando en su vida privada, o qué le ocurrió en su pasado. Simplemente colocamos las manos y dejamos que la energía actúe, porque sabemos que el efecto será según lo que ella necesite. Si la persona sufre alguna enfermedad, no damos Reiki con cierta intención de “curarle” esa enfermedad, ya que claramente no está bajo nuestro control. Incluso cuando la muerte está cerca, sería una ilusión creer que la energía evitará la muerte, ya que a veces la sanación verdadera es espiritual y ésta llega con el fin de la vida del cuerpo.
Entrega y confianza

Reiki nos pone  en contacto con una intensa vitalidad y con lo más profundo de nosotros mismos. La energía que fluye a través de nuestro organismo va equilibrando el sistema completo, al mismo tiempo de forma rápida y contundente en algunos aspectos, y de forma lenta y sutil en otros.

Como hemos dicho antes, si dentro de un organismo vivo, hay células que van muriendo todo el tiempo y eso es necesario para mantener un estado saludable, entonces podemos decir que la muerte de esas células es algo esperable y deseable para mantener el sistema en equilibrio. La caída de las hojas del árbol en invierno es también algo deseable y que permite mantener la vitalidad del mismo, permitiendo la regeneración de hojas para el bien del sistema.

En las células y las hojas podemos ver lo natural y aceptable que resulta para nosotros la muerte. Sin embargo, cuando tenemos en cuenta la muerte o el final de la vida o de cosas a las que nos hemos apegado, ya no nos parece tan aceptable y entonces aparece la necesidad de controlar para retener lo que existe, derrochando tremendas cantidades de energía para sostenerlo.

Considerar a Reiki como una energía que puede ser tanto creativa como destructiva, es algo que no resulta tan sencillo de aceptar. Solo comprendiendo que somos parte de una trama vital que se regenera y se revitaliza continuamente a través de los cambios profundos, podremos confiar y entregarnos a la vida, aprovechando al máximo lo que nos ofrece esta práctica.

La vibración que se puede percibir en cada célula cuando practicamos REIKI, es una impresionante manifestación del poder de esta energía para acompañarnos en el maravilloso proceso de transformación.

¿QUE ES REIKI?

Reiki es una palabra japonesa que significa Energía Vital Universal, y es una práctica que incrementa poderosamente la energía que circula por nuestro organismo.

Reiki puede ser experimentado a través de terapias de Reiki que consisten en la imposición de las manos de una persona iniciada en Reiki sobre el cuerpo del receptor. La terapia es muy simple, se realiza con la persona  totalmente vestida y tiene una duración de una hora aproximadamente.

También Reiki puede ser aprendido por cualquier persona que desee tener esta herramienta en sus propias manos, a través de lo que se denomina la “iniciación” en Reiki. Esta se recibe en un curso de aproximadamente 12 horas de duración, repartidas en 3 ó 4 días. A partir de la iniciación, la persona puede darse Reiki a sí misma, a otras personas, a animales y plantas. Y es para toda la vida.

Los efectos de la práctica son muchos y muy variados. Estos  dependen de lo que cada persona necesite, pero en general, los más evidentes son: aumento de la vitalidad, calma y paz interior, bienestar, equilibrio, mayor resistencia ante enfermedades y calma de dolores, entre muchos otros efectos. La energía actúa sobre todo nuestro campo electromagnético, que incluye al cuerpo físico y a los cuerpos mental, emocional y espiritual.
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Espero te resulte de interés, Blanca

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