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lunes, 3 de abril de 2017

Relaciones sanas y emociones

Por: Ramiro Calle
Fuente: http://semillassolares.blogspot.com.es/

 En las psicologías orientales siempre se ha dicho que así como pensamos, así somos; pero también podríamos decir que así como nos sentimos, así nos relacionamos.

   Si una persona tiene carencias emocionales será insegura y necesitará constantemente ser reafirmada.

   Esto se manifestará en sus relaciones afectivas y, de algún modo las perturbará, mientras que si es madura y afectivamente armónica, sus lazos afectivos serán más sanos y consistentes.

   Ello se debe a que en el segundo caso no necesitará afirmar constantemente su ego, se sabrá segura de sí misma, podrá prescindir de autodefensas, se mostrará cómo es en realidad y estará dispuesta a dar y recibir amor, pues: “No pongas muros, ni vallas, ni fosas a tu corazón; es como está más seguro”.

   Cuando uno dispone de un ego maduro (no exacerbado), cuenta con una buena valoración y sabe velar por sí mismo de forma adecuada y sin egoísmo, está mucho más capacitado para iniciar vínculos afectivos sanos y desenvolverse con mayor seguridad y veracidad en toda relación de afecto.

   Fue Buda el que dijo: “Si cuidas de ti mismo, cuidas de los demás; si cuidas de los demás, cuidas de ti mismo”.

530681_267640600032173_2069426347_n   Hay un antiguo ejercicio de meditación de expansión amorosa y compasiva que consiste en impregnarse a uno mismo de amor para luego irradiarlo en todas las direcciones y hacia todas las criaturas.

   No es una senda fácil, porque a menudo hay que salvar graves obstáculos: el afán de posesión, los celos, las expectativas, las impresiones y exigencias, los reproches, el anhelo de ser considerado y afirmado, la susceptibilidad y la suspicacia, la necesidad de ser centro de atención y el resentimiento.

   Todos esos escollos impiden el verdadero amor, y se dan más en la relación de pareja que en otras.

   Las relaciones sentimentales son las más proclives a que surjan conflictos, tensiones y frustraciones que resientan el vínculo afectivo, sobre todo cuando se viven desde actitudes egocéntricas o narcisistas, ya que entonces se trazan como líneas paralelas que nunca convergen. Si la persona es demasiado egocéntrica, no tiene ojos para ver las necesidades ajenas, y mucho menos deseos de poder atenderlas.

   Toda relación afectiva debe ir evolucionando y ser de recíproca ayuda. El amor hay que cultivarlo como una hermosa y delicada flor y de hecho se puede aprender a amar.

   El amor será tanto más genuino y consistente cuanto más se base en los siguientes requisitos:

- Incondicionalidad: Aceptación consciente de la persona amada, con lúcida consciencia de que no es un “objeto” de nuestra propiedad y no hay que acapararla, sino ponerle alas de libertad. Amor por la persona tal como es, sin necesidad de “inventarla”, evitando su instrumentalización para satisfacer las propias carencias emocionales.
- Continuidad: Puesto que lo que caracteriza al verdadero amor es que prevalece.
- Entrega: Anhelo de que la persona amada sea feliz, evitándole cualquier perjuicio. La consciencia de que no se puede o no se debe convertir una relación de amor en una “transacción” emocional.
- Tolerancia, indulgencia y comprensión: Poner todos los medios para que la persona amada crezca interiormente y se desarrolle como ser humano, aún a riesgo de perderla.

   En las relaciones sentimentales hay que aprender a discernir entre amor y enamoramiento. Cuando hay amor, aunque la caricia se desgaste, se agote la magia amorosa y el enamoramiento cese, el amor prevalece, aunque la relación de pareja tenga que convertirse en una relación distinta.

   El amor no se puede imponer o exigir y no debe dar paso a presiones y reproches, de la misma forma que la relación no debe cimentarse sobre expectativas inciertas, ni sobre el admirativismo o el autoengaño.

   Toda relación de afecto y sentimental debe respetar los tres espacios: el tuyo, el mío y el nuestro.

   Hay que saber aceptarse a uno mismo para aceptar a los otros; valorarse a uno mismo para valorar a los demás. Hay que superar el miedo y saber poner límites cuando sea necesario, evitando la obediencia ciega y la abyección.

   Podemos ir creando vínculos afectivos sanos y robustos para amar mejor y ser más amados, evitando dos extremos afectivos insanos: la dependencia emocional y el afán de dominio.

PAREJA BAJO LA LLUVIA   Podemos mejorar en mucho nuestra relación afectiva inspirándonos en las siguientes pautas de referencia:

- Superar la inclinación compulsiva por tener que demostrar algo.
- Tratar de rectificar comportamientos que causan dolor en nosotros y en los demás, mediante una actitud de atención y ecuanimidad.
- Aprender a relacionarse desde la independencia, para que la relación sea el encuentro de dos libertades internas y no el de dos necesidades neuróticas.
- Servirse de la sinceridad con palabras amables y no de la franqueza hiriente.
- Brindar ternura.
- Comprender que todos tenemos nuestras propias necesidades y si amamos trataremos de descubrir y atender en la medida de lo posible las del otro, sin sacrificios inútiles.
- Desplegar nuestras emociones más sanas: generosidad, compasión, alegría, paciencia.
- Considerar que toda relación es dinámica y puede modificarse, pero que cualquiera sea el curso que tome, si hay verdadero amor, éste predomina.
- Mostrarnos tal cual somos.
- No utilizar o manipular a las personas con las que nos relacionamos.
- Conciliar los propios intereses con los de los demás.
- Evitar las reacciones desmesuradas.
- Superar en la medida de lo posible los celos, el rencor, la negligencia, el mal carácter y la inestabilidad emocional.

   El amor consciente es el que es iluminado por la sabiduría y el discernimiento claro. Se puede amar más y mejor, pero también es una disciplina que hay que saber seguir, para poder crear en la relación afectiva vínculos sanos que permitan que aflore lo mejor de aquellos que se relacionan.
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Espero te sea de utilidad, Blanca

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