Bienvenidos a Conociendo tu alma!

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Infinitas gracias por estar aquí!. Sin cada uno de Uds. no sería posible seguir adelante. Este blog, lo he creado para brindarnos la oportunidad de descubrir en conjunto porque estamos aquí, cual es el motivo por el cual Dios nos envió a este mundo, por eso el nombre del blog: CONOCIENDO TU ALMA!!!

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jueves, 23 de junio de 2016

Enojarse de manera “constructiva” ayuda a sanar mente y cuerpo

Editado por: Jessica Meléndez Zenteno


Expertos dicen que enfadarte no siempre es malo para la salud, al contrario si lo haces de manera constructiva puede llegar a ser una sanación para nuestra mente y cuerpo, ya que el enfado forma parte de nuestros mecanismos defensivos.


Destacan que una pequeña dosis de enojo, o un comentario despectivo ayuda a expresar al ser humano una respuesta defensiva acorde a la situación en la que se encuentra, aunque existe un límite en el que se debe evitar ser explosivos, y violentos.

Enojarse de manera “constructiva” ayuda a sanar mente y cuerpo

Aquí te presentamos siete formas de enojarte, sin dañar tú salud:

Reconoce que te enfadas mal, a veces culpamos a los demás de nuestros enojos, cuando realmente es algo propio.

Tienes derecho a enfadarte; pero nunca a ser violento, ya que nada justificará ninguna agresión en ese momento.

Si te enojas, exprésalo, di en el momento que es lo que te molesta, para que de esta manera puedas resolverlo.

Detecta el punto de partida de tú enojo, ¿qué lo causó?, para que no te desquites con una persona ajena.

Reflexiona si en verdad es necesario enfadarte, ¿qué es lo que consigues haciéndolo?, de esta forma tomarás una decisión más tranquila y acertada.

Cuanto tiempo necesitas para que se te pase el enojo, realmente quieres mostrarte enfadada o solo es una manera de castigar al otro.

Haz un ejercicio de honestidad y razona si realmente te hizo enojar la otra persona o bien tú comportamiento no es sincero y el enfado es contigo mismo.
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Espero te sea de utilidad, Blanca



martes, 21 de junio de 2016

Aprender a estar en soledad es clave

Por: Isabel Serrano Rosa

Silvia es italiana y una maestra vocacional. Un día, visitando su aula de infantil descubrí un rincón muy especial. En una esquina había un espacio, bien delimitado por una alfombra multicolor, con una pequeña butaca y una estantería con pocos libros y juguetes. La conocían como la esquina para estar solos. Supuse que era el lugar para pensar, donde ahora se manda a los niños cuando no respetan alguna norma; en mis tiempos se traducía en un "¡fuera de clase!".

Silvia sonrió y me explicó que aquel lugar era un espacio importante para los niños, en el que podían descansar y fantasear. Allí aprendían a estar consigo mismos, ya que pasaban muchas horas en grupo. Cuando un niño entraba en ese espacio, los demás aprendían a respetar su necesidad de intimidad y le dejaban tranquilo. Los niños necesitan aprender a respetarse y tener su propio espacio para desarrollar su fantasía y su creatividad, sostenía Silvia.

Contrariamente a lo que pudiera parecer, tanto los niños introvertidos como los extrovertidos disfrutaban del rincón para la intimidad. Muchos pequeños viajan a menudo a su mundo de fantasía, pero me pareció muy educativo ver cómo los otros niños respetaban ese lugar.

La ciencia valida las tesis de Silvia. Las neuronas, espejo de nuestro cerebro, se activan observando las conductas de los demás, por lo que hacemos propias sus acciones, sensaciones y emociones, como afirma su descubridor el neurobiólogo G. Rizzolati.


Nuestro cerebro se modela interactuando con el cerebro de los otros, lo que nos permite tener empatía y adivinar qué les ocurre a los demás. Pero también nos puede saturar. Necesitamos desconectarnos y quedarnos a solas con nuestro cerebro. El ser humano busca el contacto social, pero también ha de situarse en su interior y fabricar sus propias imágenes y referencias. Primero observamos y después creamos.


A su vez, necesitamos encontrar el equilibrio entre nuestros dos sistemas mentales de decisión. Uno es emocional, rápido, intuitivo y automático y nos guía en nuestro día a día; el otro es reflexivo, asociado a procesos lentos, racionales y de autoconsciencia. Este último responde a esa habilidad exclusivamente humana que nos lleva a examinar quiénes somos y nuestra propia vida. Éste se nutre de soledad. Con el primero actuamos; el segundo nos sirve de guía.

Nuestro ritmo de vida nos lleva de una actividad a otra, a querer hacer muchas cosas en el menor tiempo posible. ¡Quedarse a solas parece misión imposible! La capacidad de saber estar y conocerse a uno mismo se denomina inteligencia intrapersonal y el silencio y la calma la favorecen. Sin embargo, hay muchas personas que huyen de los momentos de soledad porque los asocian a vacío, tristeza y ansiedad. Las redes sociales, el whatsapp o internet nos sirven para mantenernos conectados a los demás, pero lejos de nosotros mismos. ¿Qué pasaría si se queda 20 minutos a solas con sus pensamientos, sin móvil, tableta, libros o música como les pidieron a los voluntarios de un famoso experimento? Buena parte observaron que su pensamiento no conseguía concentrarse en nada y vagaba disperso de una cosa a otra. La experiencia fue desagradable para el 67% de los hombres y el 25% de las mujeres, como publica la revista Science. ¿Le sorprende? ¡Quizás no sepa que cada verano hay personas que se agobian ante el abismo vacacional de varias semanas sin actividad laboral!

GRANDES BENEFICIOS

Estar solo es imprescindible para el ser humano y nos reporta grandes beneficios. Es un aspecto clave para el desarrollo de la creatividad, la capacidad de innovar y tener nuevos proyectos. Es un motor de crecimiento personal porque nos ayuda a tomar conciencia de nosotros mismos y a cambiar aquellos factores de nuestra vida personal o profesional que queremos mejorar. El encuentro con uno mismo es un tiempo para cuidarse y disfrutar del silencio, para escuchar lo que sentimos, reflexionar sobre lo que hacemos y tomar decisiones.

Resulta vital en la agotadora vida diaria para hacer una pausa en medio de la tensión e incluso descubrir nuevas formas de divertirse. Además, regala momentos de libertad porque ofrece la posibilidad de realizar actividades que no puedes o no deseas hacer con otros. En este sentido, ayuda a la maduración emocional porque calma en momentos de tensión, autorregula y favorece la concentración. Y facilita el poder disfrutar de relaciones de más calidad, ya que define las propias necesidades para poder expresarlas después en grupo.

Es recomendable tener cada día una cita con uno mismo y desconectar móviles, internet y televisión. Busque su esquina para estar solo, donde poder leer, escuchar música, escribir o pensar. Ponga un cartel de no molestar. Salga a pasear o a hacer deporte. Simplemente sienta su presencia, descubra que la soledad puede ser positiva y divertida. Nunca está nadie más activo que cuando no hace nada, nunca está menos solo que cuando está consigo mismo.

ESTAR CON UNO MISMO

Sin embargo, nuestra forma de vivir premia a las personas activas y recela de las contemplativas. Todos conocemos el beneficio de la siesta de Newton bajo un manzano, su ley de la gravedad. Sin embargo, muchas personas son incapaces de permanecer un buen rato sin hacer nada sin sentirse mal por ello. Como Fran, que después de un día agotador, se tumba en el sofá a solas consigo mismo y se siente culpable. Aún le viene a la cabeza la voz de su madre y su "¿qué haces ahí tirado?".

MEDITEN PADRES E HIJOS

Para muchos padres, la cita consigo mismos resulta imposible porque siempre hay un niño llamando y el tiempo propio entre una tarea y otra es imposible de encontrar. El mejor sistema es favorecer que sus hijos aprendan a parar. Un antídoto contra la velocidad es el juego del silencio. Apague los aparatos electrónicos y deje la habitación en silencio; escuche con sus hijos los sonidos del entorno: el reloj de la pared o el trinar de un pájaro. Después compartan qué escuchó cada cada uno. Al principio creen que se van a aburrir pero después les gusta. También pueden colorear mandalas infantiles con música relajante.

Podemos enseñarles a meditar. La relajación y la visualización se aprenden pronto. Hasta los cuatro años han de ser dirigidos por los adultos; a partir de esa edad, suele gustarles compartir sus fantasías y, a los ocho años, ya son capaces de relajarse solos.

¿Qué es la meditación? Es quietud, un momento elegido para viajar hacia nuestro interior, unas veces se deja la mente abierta a cualquier imagen y otras se focaliza una escena concreta. Una de mis meditaciones preferidas para niños es imaginar un jardín donde hay flores de colores y animales hasta llegar a una casa mágica. Si son muy pequeños les decimos que se concentren en imaginar el sol.
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Espero te resulte de interés, Blanca

lunes, 20 de junio de 2016

¿Quieres ser más feliz? Cambia tu lenguaje

Por: CRISTINA LUIS

Pensamos en la alimentación o en el ejercicio físico como una forma de mejorar nuestro bienestar. Pero la realidad es que podemos alcanzarlo de muchas otras maneras. Una de las más desconocidas tiene a las palabras como centro del cambio. Luis Castellanos y su equipo, expertos en neurociencia cognitiva, han estudiado el efecto de las palabras positivas en las personas. Una de sus investigaciones, publicada en la revista científica 'PLOS ONE', ha comprobado mediante encefalogramas que las palabras positivas activan el tiempo de reacción del cerebro frente a las negativas o las neutras. "Esto nos hace estar más atentos y más concentrados por lo que conseguimos ser más perseverantes y más creativos en nuestras tareas", cuenta Castellanos.

Su convicción de que los términos que empleamos cada día pueden determinar el rumbo de nuestro pensamiento y de nuestra actitud ante la vida le ha llevado a trabajar con deportistas de élite (como Sergio 'Chacho' Rodríguez, Marc Coma o Nani Roma), chefs (Andoni Luis Aduriz y Mario Sandoval), o directivos de diferentes empresas para incluir un lenguaje más positivo en su vida. Tras comprobar la mejora en el desarrollo personal y el rendimiento profesional de estos, decidió publicar La ciencia del lenguaje positivo (Editorial Paidós), donde recopila estudios, consejos y ejercicios y con el que busca que cualquiera se pueda beneficiar de ello.

RECONOCER LOS FALLOS

El libro propone un plan para aumentar nuestras palabras positivas en tres etapas. El primer paso consistiría en tomar conciencia de nuestras palabras una a una. Hay dos formas sencillas de lograrlo. La primera pasa por recopilar nuestros escritos o grabarnos en una conversación para después transcribirla y así reconocer nuestros fallos (como una gran utilización del 'no', la falta de nombres propios o de adjetivos positivos, las muletillas...). La segunda, en pedir a quienes más nos conocen -socios vitales- que nos hagan una pequeña valoración de nuestro lenguaje.


El siguiente escalón nos invita a optar por la elección. Es decir, decidir qué palabras no queremos utilizar más y cuáles queremos incorporar a nuestro día a día. Alegría, gratitud, serenidad, interés, esperanza, orgullo, diversión, inspiración, admiración y amor son 10 términos positivos que deberíamos integrar en nuestro lenguaje habitual para hacer frente a la tristeza, el desprecio, la deslealtad o el odio, según explica Luis Castellanos. "Aunque tenemos un lenguaje negativo por instinto de supervivencia, debemos elegir nuestras palabras. Sobre todo, en los momentos en que te das cuenta de que tu lenguaje te está provocando un sufrimiento. Incorporar a tu vida un lenguaje positivo te da coraje y valentía. Te das cuenta de que ser positivo favorece tu mundo y no quieres que venga otro a destrozártelo. Aprendes a pararle los pies".

CUIDAR EL LENGUAJE

La decena de vocablos anteriores son globales y podrían funcionarle a cualquiera. Sin embargo, el investigador hace hincapié en que cada uno ha de localizar sus propias palabras positivas para lograr un éxito aún mayor. Nuevamente, nuestro mapa lingüístico y nuestros socios vitales son quienes nos darán las claves. Por ejemplo, podemos descubrir cuáles son fijándonos en las caras de los demás cuando las pronunciamos o meditando cuáles nos funcionan en el momento de darnos ánimos internamente.

Otro truco es coger un diccionario e ir leyendo términos hasta dar con los que nos producen energía. Una vez tengamos 15 palabras motivadoras, deberemos decirlas en voz alta y escribirlas cuando necesitemos alentarnos. La última etapa consistiría en consolidar ese hábito de expresarnos en positivo.

"Todo se resume en que si cuidas tu lenguaje él cuidará de ti". "Siempre tengo en mente la frase de Daniel Kahneman que dice que 'deseamos que la historia de nuestra vida sea una buena historia'". Eso es "lo importante". Se trata de que cuando hagamos un recuento de la jornada, al terminar el día, podamos decir que tenemos una buena historia. "Que busquemos el lado positivo de los hechos y de las personas".
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Espero te sea de utilidad, Blanca