Bienvenidos a Conociendo tu alma!

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lunes, 3 de abril de 2017

FORMACION REIKI USUI TIBETANO – NIVEL I – Domingo 2 de Abril, luz para Venezuela y el Mundo!!


Relaciones sanas y emociones

Por: Ramiro Calle
Fuente: http://semillassolares.blogspot.com.es/

 En las psicologías orientales siempre se ha dicho que así como pensamos, así somos; pero también podríamos decir que así como nos sentimos, así nos relacionamos.

   Si una persona tiene carencias emocionales será insegura y necesitará constantemente ser reafirmada.

   Esto se manifestará en sus relaciones afectivas y, de algún modo las perturbará, mientras que si es madura y afectivamente armónica, sus lazos afectivos serán más sanos y consistentes.

   Ello se debe a que en el segundo caso no necesitará afirmar constantemente su ego, se sabrá segura de sí misma, podrá prescindir de autodefensas, se mostrará cómo es en realidad y estará dispuesta a dar y recibir amor, pues: “No pongas muros, ni vallas, ni fosas a tu corazón; es como está más seguro”.

   Cuando uno dispone de un ego maduro (no exacerbado), cuenta con una buena valoración y sabe velar por sí mismo de forma adecuada y sin egoísmo, está mucho más capacitado para iniciar vínculos afectivos sanos y desenvolverse con mayor seguridad y veracidad en toda relación de afecto.

   Fue Buda el que dijo: “Si cuidas de ti mismo, cuidas de los demás; si cuidas de los demás, cuidas de ti mismo”.

530681_267640600032173_2069426347_n   Hay un antiguo ejercicio de meditación de expansión amorosa y compasiva que consiste en impregnarse a uno mismo de amor para luego irradiarlo en todas las direcciones y hacia todas las criaturas.

   No es una senda fácil, porque a menudo hay que salvar graves obstáculos: el afán de posesión, los celos, las expectativas, las impresiones y exigencias, los reproches, el anhelo de ser considerado y afirmado, la susceptibilidad y la suspicacia, la necesidad de ser centro de atención y el resentimiento.

   Todos esos escollos impiden el verdadero amor, y se dan más en la relación de pareja que en otras.

   Las relaciones sentimentales son las más proclives a que surjan conflictos, tensiones y frustraciones que resientan el vínculo afectivo, sobre todo cuando se viven desde actitudes egocéntricas o narcisistas, ya que entonces se trazan como líneas paralelas que nunca convergen. Si la persona es demasiado egocéntrica, no tiene ojos para ver las necesidades ajenas, y mucho menos deseos de poder atenderlas.

   Toda relación afectiva debe ir evolucionando y ser de recíproca ayuda. El amor hay que cultivarlo como una hermosa y delicada flor y de hecho se puede aprender a amar.

   El amor será tanto más genuino y consistente cuanto más se base en los siguientes requisitos:

- Incondicionalidad: Aceptación consciente de la persona amada, con lúcida consciencia de que no es un “objeto” de nuestra propiedad y no hay que acapararla, sino ponerle alas de libertad. Amor por la persona tal como es, sin necesidad de “inventarla”, evitando su instrumentalización para satisfacer las propias carencias emocionales.
- Continuidad: Puesto que lo que caracteriza al verdadero amor es que prevalece.
- Entrega: Anhelo de que la persona amada sea feliz, evitándole cualquier perjuicio. La consciencia de que no se puede o no se debe convertir una relación de amor en una “transacción” emocional.
- Tolerancia, indulgencia y comprensión: Poner todos los medios para que la persona amada crezca interiormente y se desarrolle como ser humano, aún a riesgo de perderla.

   En las relaciones sentimentales hay que aprender a discernir entre amor y enamoramiento. Cuando hay amor, aunque la caricia se desgaste, se agote la magia amorosa y el enamoramiento cese, el amor prevalece, aunque la relación de pareja tenga que convertirse en una relación distinta.

   El amor no se puede imponer o exigir y no debe dar paso a presiones y reproches, de la misma forma que la relación no debe cimentarse sobre expectativas inciertas, ni sobre el admirativismo o el autoengaño.

   Toda relación de afecto y sentimental debe respetar los tres espacios: el tuyo, el mío y el nuestro.

   Hay que saber aceptarse a uno mismo para aceptar a los otros; valorarse a uno mismo para valorar a los demás. Hay que superar el miedo y saber poner límites cuando sea necesario, evitando la obediencia ciega y la abyección.

   Podemos ir creando vínculos afectivos sanos y robustos para amar mejor y ser más amados, evitando dos extremos afectivos insanos: la dependencia emocional y el afán de dominio.

PAREJA BAJO LA LLUVIA   Podemos mejorar en mucho nuestra relación afectiva inspirándonos en las siguientes pautas de referencia:

- Superar la inclinación compulsiva por tener que demostrar algo.
- Tratar de rectificar comportamientos que causan dolor en nosotros y en los demás, mediante una actitud de atención y ecuanimidad.
- Aprender a relacionarse desde la independencia, para que la relación sea el encuentro de dos libertades internas y no el de dos necesidades neuróticas.
- Servirse de la sinceridad con palabras amables y no de la franqueza hiriente.
- Brindar ternura.
- Comprender que todos tenemos nuestras propias necesidades y si amamos trataremos de descubrir y atender en la medida de lo posible las del otro, sin sacrificios inútiles.
- Desplegar nuestras emociones más sanas: generosidad, compasión, alegría, paciencia.
- Considerar que toda relación es dinámica y puede modificarse, pero que cualquiera sea el curso que tome, si hay verdadero amor, éste predomina.
- Mostrarnos tal cual somos.
- No utilizar o manipular a las personas con las que nos relacionamos.
- Conciliar los propios intereses con los de los demás.
- Evitar las reacciones desmesuradas.
- Superar en la medida de lo posible los celos, el rencor, la negligencia, el mal carácter y la inestabilidad emocional.

   El amor consciente es el que es iluminado por la sabiduría y el discernimiento claro. Se puede amar más y mejor, pero también es una disciplina que hay que saber seguir, para poder crear en la relación afectiva vínculos sanos que permitan que aflore lo mejor de aquellos que se relacionan.
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Espero te sea de utilidad, Blanca

sábado, 1 de abril de 2017

Encuentros poderosos

Imagen: Rassouli
Artículo de Xandra Orive
Fuente: http://www.animalespiritual.com/

Vivimos en una sociedad a la que le conviene tenernos separados. Un encuentro cambia la vibración del planeta entero, ajusta, equilibra, abre puertas y dimensiones

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  Vivimos para encontrarnos, estamos llenos de pretextos para hacerlo. Creemos que hacemos las cosas para un fin, cuando en realidad las hacemos para salir y encontrarnos a las personas que hacen falta en nuestra vida, las que llegarán a enseñarnos las lecciones que debemos aprender o las que se acercarán para que les mostremos algo que a ellos les hace falta. Nada es casualidad, todo gira dentro de un perfecto acomodo entre el espacio y tiempo, un plan que el bien llamado “destino” tiene para nosotros.

   Pero, lamentablemente, estamos tan sumergidos en la velocidad de la vida cotidiana que dejamos pasar de largo a las personas que debíamos de encontrarnos. Tal vez hayamos tenido que transitar todo un camino rocoso y arduo para poder llegar a un solo fin. Una calle tranquila por donde pasará esa persona tan especial con la que tenemos que conectarnos.

   Muchas veces nos pasa que sentimos el impulso, se activa el foquito de alarma pero frenamos todo pues nos entra el miedo, ya que el otro es un completo desconocido. Empezamos a pensar ¿qué tal si nos tacha de locos? ¿Qué tal si nos rechaza? Yo a eso lo llamo el sentido de separación.

   Vivimos en una sociedad a la que le conviene tenernos separados, una sociedad que nos llena de barreras imaginarias y de emociones que sustentan la existencia de dichas barreras. Nos han metido el chip interno para que no nos acerquemos entre nosotros, para que no nos toquemos, para que no nos encontremos. Pues un encuentro es poderoso, un encuentro cambia la vibración del planeta entero. Un encuentro ajusta, equilibra, abre puertas y dimensiones. Por lo tanto se vuelve “peligroso“.

   Les propongo que la próxima vez que salgan a la calle lo hagan con el corazón abierto y los ojos puestos en el quizá, en esa chispa de luz que sale cuando dos personas coinciden, de nuevo. Pues, si lo analizamos, todos son reencuentros. El tiempo no existe y no es lineal, con esto afirmamos que nuestra alma ya sabe quién es la otra persona y nuestro corazón ya le conoce, aunque la mente nos engañe y nos diga todo lo contrario.

   Permitámonos encontrarnos, recordarnos, reconocernos. Dejar a un lado lo que no nos deja hacerlo. Hay tantas personas esperando, tantos seres queriendo que toquen su camino y nosotros ni siquiera nos atrevemos a mirarlas, a tocarlas, a descubrir quienes son y por qué cruzaron por nuestro camino.
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Espero te resulte de interés, Blanca