Bienvenidos a Conociendo tu alma!

BIENVENIDOS A CONOCIENDO TU ALMA!!!

Infinitas gracias por estar aquí!. Sin cada uno de Uds. no sería posible seguir adelante. Este blog, lo he creado para brindarnos la oportunidad de descubrir en conjunto porque estamos aquí, cual es el motivo por el cual Dios nos envió a este mundo, por eso el nombre del blog: CONOCIENDO TU ALMA!!!

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Mil bendiciones para tí!

miércoles, 5 de octubre de 2016

5 alertas: te estás poniendo en víctima


La ira, el enojo y la frustración son emociones incontrolables. El dar pena o el intentar llamar la atención son barreras defensivas que pueden ayudar a pasar el momento, pero tienen consecuencias perjudiciales. ¿Es posible dejar de sentirse una víctima y hacerse cargo de la situación desde otro lugar? Veamos: 

Muchas personas adoptan el papel de víctimas de forma involuntaria, porque tienen miedo de su propia ira. Niegan su existencia y anticipan daño. Con esta expectativa en mente y una alta sensibilidad, pueden llegar a distorsionar las actitudes de otros, interpretando intenciones que pueden ser inexistentes. Así, la ira que hubieran experimentado en respuesta a la frustración o al estrés, se transforma en miedo, desconfianza, y heridas. Entonces hace su entrada triunfal el monstruo de la victimización. 

Pero existe una forma de cambiar esta situación, a través de la identificación de los pensamientos destructivos que promueven los sentimientos victimistas. Aquí, algunas señales claras de este tipo de comportamiento, a tener en cuenta para tu crecimiento personal.

#1 No asumís la responsabilidad:

Es fácil echarle la culpa a otros, ¿no? Respirá profundo, si sos sincera con vos misma te vas a dar cuenta de que debés evaluar tu participación en todo lo que sucede en tu vida. Siempre existe la posibilidad de reaccionar de otra manera.

#2 Estás paralizada:


A veces puede ser muy bueno poner un freno y mirar atrás para revistar qué estuvo bien y qué estuvo mal; recuperar fuerzas y evaluar algunas situaciones. Pero si elegís quedarte quieta mucho tiempo, puede que no estés pudiendo enfrentar el miedo que tenés a hacerte responsable de vos misma. Animate, va a ser maravilloso, ¡aunque duela! 


#3 Pretendés que los demás actúen o resuelvan:

Cuando esperás que los otros den el primer paso, les otorgás un poder que puede que no te convenga. Y es probable que en el fondo te sientas resentida con esas personas, cuando en realidad sos vos la que tiene que tomar la decisión que creas correcta. La de alejarte, por ejemplo, cuando no te permiten avanzar.

#4 Desconfiás de todo y de todos: 

Que la vida es injusta, que el mundo es cruel y que el daño espera a la vuelta de la esquina. ¡Con esas premisas es imposible que sientas confianza! Quienes suelen victimizarse desconfían de las intenciones de los demás. Pero, ¿quién te hizo semejante daño? ¿Y qué tal si lo perdonás? La seguridad en vos misma te permitirá discernir perfectamente entre quién merece tu confianza y quién no. 

#5 Te aferrás a rencores:

Las injusticias suceden todo el tiempo, y a todo el mundo. Pero una persona emocionalmente saludable supera y sigue adelante. Quienes optan por ponerse en el rol de "pobrecito" suelen prenderse como garrapatas a los rencores durante años, en lugar de revisar la situación, perdonar y reciclar. 
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Espero te resulte de utilidad, Blanca

martes, 4 de octubre de 2016

¿Qué tan poderosas son las palabras?

Por: Lic. Vivian Saade

Existen palabras que nos dejan huella, que nunca se olvidan para bien o para mal. Las palabras pueden llegar a tener una gran importancia a lo largo de nuestra vida, y más aun en la vida de nuestros hijos, cuando vienen de nosotros, sus padres.

Es importante reflexionar lo que decimos pues en un minuto podríamos dañar algo que nos ha costado mucho esfuerzo construir: “¿Acaso no puedes hacer nada bien?” o “¡Bien hecho, te felicito, lo vas a lograr!”; unas pocas palabras pueden hacer la diferencia.

Algunas palabras quedan grabadas como sinónimos de lo que creemos que somos, como si fueran una especie de reflejo o identidad: “si esto es lo que yo significo para mi esposo, amigo o familiar, seguramente esto es lo que soy”.

Cuando nos encontramos cansados o enojados, podemos decir cosas hirientes que para nosotros sólo son expresiones de frustración, pero que para nuestros hijos pueden convertirse en referentes y espejos de desaprobación, ridiculización o inseguridad.

Mucho se habla de que los padres modelamos lo que somos mucho más de lo que nos damos cuenta.

Aun cuando creemos que los hijos no nos ven; nos están viendo. Y la manera en la que nos comportemos, hablemos o actuemos, será de algún modo su punto de partida para concebir al mundo.

Palabras como “perdón” o “lo siento” pueden ser mágicas en la transformación de las relaciones interpersonales y en la forma en la que nosotros nos valoramos.

Enseñar como padres que nosotros también podemos equivocarnos, reconocerlo y disculparnos ante nuestros hijos o ante otros -contrariamente a lo que se pensaría-, puede contribuir a que nuestros hijos nos admiren aun más.
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Si relacionamos la autoestima con el poder de la palabra, podremos concluir que la percepción de lo que valemos, nace en su mayoría de lo que nos hemos y nos han dicho a lo largo de nuestras vidas.

No pretendo con esto que constantemente digamos a nuestros hijos que son “los más guapos”, “los más inteligentes” o “los mejores”; sino que por el contrario, fomentemos una relación de respeto, sinceridad y cercanía en la que ellos solos puedan llegar a esas conclusiones a través de nuestras las palabras y actitudes de apoyo y empuje.

Recomiendo tomar consciencia para cuidar nuestro lenguaje teniendo palabras de amor y respeto hacia nuestros hijos, resaltando continuamente sus esfuerzos, con el fin de que logren una mejor aceptación de sus habilidades y limitaciones. Nunca los descalifiquemos ni los humillemos. Jamás abusemos física ni verbalmente de ellos, ni impongamos nuestra voluntad arbitrariamente.

Tratemos de evitar que los recuerdos de nuestras palabras sean de superioridad o desaprobación: “Me gritaba sin razón”, “Sólo me señalaban mis errores y mis debilidades”, “Nunca me pedían nada por favor ni me daban las gracias”, “Me ridiculizaban enfrente de mis amigos y no valoraban mis esfuerzos”, “Nunca me escucharon lo que yo tenía que decir”.

El lenguaje abusivo destruye, resta libertad a la hora de actuar, menoscaba el valor de las personas, hace aflorar la timidez y causa dolor. Si por alguna razón hemos actuado así, es posible revertir el daño causado tomando consciencia de nuestras actitudes negativas, modificando nuestras reacciones y pidiendo perdón.

Nuestra forma de expresarnos, las palabras que empleamos y el tono de voz que usamos determinará en buena manera la percepción que nuestro hijo tenga del mensaje, las expectativas que tendrá del mundo exterior y el valor que se adjudicará como persona. Hagamos pues que en nuestro hogar reine un ambiente positivo en donde lo que domine sean las palabras positivas, respetuosas y amorosas.

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Espero te sea de utilidad, Blanca