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lunes, 14 de marzo de 2016

Reiki en el final de la vida

Por Vanesa Maiorana.
Publicado en Revista Uno Mismo. Agosto 2014

Reiki es una práctica que puede acompañarnos tanto cuando se tiene plena vitalidad como cuando esa vitalidad se va apagando hasta desvanecerse en el último suspiro. En este artículo abordaremos el tema de la muerte y la importancia de llevar una buena vida como parte de la preparación  para tener un buen morir. Describiremos la forma en que se puede aplicar Reiki en el final de la vida y cuáles son sus efectos más importantes en esta etapa.

Este artículo ha sido escrito con la valiosa colaboración de Viviana Bilezker, quien se ha especializado en la utilización de Reiki en el acompañamiento de personas que se encuentran al final de la vida.

Hablemos de la muerte
En una cultura donde prima el valor de lo material y el culto al cuerpo físico, la muerte viene a ser el fin de todo. Por eso, no resulta tan sencillo hablar de ella. Como menciona Sogyal Rimpoché en el Libro Tibetano de la vida y de la muerte:

 “A pesar de sus éxitos tecnológicos, la sociedad moderna occidental carece de una verdadera comprensión de lo que es la muerte  y de lo que ocurre durante y después de ella. Descubrí que hoy se enseña a la gente a negar la muerte y a creer que no significa otra cosa que aniquilación y pérdida. Eso quiere decir que la mayor parte del mundo vive o bien negando la muerte o bien aterrorizado por ella”. Sogyal Rimpoché.

Pero la muerte nos pone de cara a comprender profundamente el sentido de la existencia. La aceptación de la muerte nos obliga a ponernos más en contacto con la vida, ya que una no existe sin la otra. La muerte forma parte del ciclo natural de la vida. Todos en algún momento vamos a morir y no  podemos hacer nada por evitarlo. El saber que moriremos en algún momento y que nuestros seres queridos también morirán, nos puede generar mucho miedo, al punto de evitar por completo tomar contacto con todo lo relacionado al concepto de la muerte, tratamos de pensar lo menos posible mientras ella se encuentre “lejos”. Sin embargo, la muerte es imprevisible, no podemos saber cuándo ni cómo vamos a morir. Pensar en ello puede generar diferentes emociones y formas de encarar el asunto. Podemos aterrarnos más aún sin pensar que nos ocurrirá algún día y vivir como si nada nos fuera a suceder. O podemos considerar que hoy puede ser nuestro último día de vida y entonces nos conectemos mucho más con el momento que estamos viviendo, con el aquí y ahora, concentrándonos en no dejar deudas pendientes para mañana.

“Hacer planes para el futuro es como ir a pescar en el cauce seco de un torrente. Nada sale jamás como hubieras deseado. Renuncia, pues, a todos tus proyectos y ambiciones. Si has de pensar en algo, que sea en la incertidumbre de la hora de tu muerte…..”. Gyalsé Rimpoché

Para el budismo, la muerte es un proceso normal y es como un cambio de vestimenta cuando ésta está vieja y gastada, más que un final definitivo. Como dice Sogyal Rimpoché en el Libro Tibetano de la vida y de la muerte, “todas las grandes tradiciones espirituales del mundo, incluyendo por supuesto el cristianismo, siempre han dicho claramente que la muerte no es el final. Todas nos han transmitido la visión de alguna clase de vida venidera, que infunde un sentido sagrado a nuestra vida presente. Pero a pesar de estas enseñanzas, la sociedad contemporánea es en gran medida un desierto espiritual en el que la mayoría de la gente imagina que esta vida es lo único que existe. Carentes de toda fe real y auténtica en una vida posterior, la mayoría de las personas lleva una vida desprovista de cualquier sentido fundamental.”

El momento de la muerte es un momento espiritual, donde se puede tomar contacto con el sentido de la existencia. El camino espiritual entonces, es sumamente importante para que la muerte se desarrolle en paz.

Dalai Lama dijo:
“A la mayoría de nosotros, nos gustaría tener una muerte apacible. Sin embargo, también está claro que no podemos esperar a morir así si nuestras vidas han estado impregnadas de violencia o si nuestras mentes han estado agitadas predominantemente por emociones como la ira, el apego o el miedo. Por lo tanto, si deseamos morir bien, debemos aprender a vivir bien. Para tener la esperanza de una muerte apacible, debemos cultivar la paz tanto en nuestra mente como en nuestra manera de vivir.”

Para morir en paz, es necesario encontrar la paz interior en la vida, no solo hacia el final cuando ya hay conciencia de que la muerte puede estar cerca, sino en todo momento, teniendo siempre en cuenta que nunca sabemos cuándo iremos a morir.

Acompañar a las personas que están muriendo puede ser tan difícil como enfrentar la idea de la propia muerte. Y por este motivo es que muchas personas mueren solas por la incapacidad de sus seres queridos de enfrentarse con eso. La persona que está muriendo tiene muchas necesidades, que necesitan ser cubiertas para morir en paz.

Elizabeth Kübler Ross fue una de las personas que dedicó su vida a aliviar el sufrimiento humano mediante el cuidado de enfermos terminales. Ella era médica psiquiatra y además de acompañar moribundos,  se dedicó a estudiar el proceso de morir. Fue mucho lo que aprendió en este camino, observando diferentes formas de partir de este mundo: notó que algunos niños partían confiados y serenos, algunos adultos partían después de superar la negación y el miedo  sintiéndose liberados, y otros se aferraban a la vida porque aún tenían tareas por concluir. Leer la obra de Elizabeth Kübler Ross puede producirnos un despertar en nuestra forma de enfrentar la vida, siendo conscientes de la muerte.

Los cuidados paliativos

La Organización Mundial de la Salud (OMG) define los cuidados paliativos como “el cuidado total activo de los pacientes cuya enfermedad no responde a tratamiento curativo. Es primordial el control del dolor y de otros síntomas y de problemas psicológicos, sociales y espirituales. La meta del cuidado paliativo es brindar de la mejor calidad de vida para los pacientes y sus familias.”

La OMG dice que los cuidados paliativos:

    Afirman la vida y consideran la muerte como un proceso normal.
    Ni apresuran ni posponen la muerte.
    Proporcionan alivio del dolor y otros síntomas angustiantes.
    Integran los aspectos psicológicos y espirituales de la asistencia.
    Ofrecen un sistema de apoyo para ayudar a los pacientes a vivir tan activamente como sea posible hasta la muerte.
    Ofrecen un sistema de apoyo para ayudar a la familia a salir adelante durante la enfermedad del paciente y en su propio duelo.

A continuación, reflexionaremos sobre el uso de Reiki como una terapia de cuidados paliativos. Describiremos de qué formas puede usarse, cuáles son sus posibles efectos, contaremos algunas experiencias y reflexionaremos sobre lo que representa uno de los grandes misterios: ¿qué es la vida? ¿qué es la muerte?.

Reiki y los cuidados paliativos

Tomando como premisa la definición de cuidados paliativos de la Organización Mundial de la Salud y teniendo en cuenta la experiencia con Reiki de muchos practicantes, podemos describir algunas de las maneras en que Reiki puede ser de suma utilidad en el final de la propia vida o en el acompañamiento de otros que están muriendo:

    Reiki significa Energía vital Universal. Es energía de vida y ésta no tiene polaridad. Reiki entonces acompaña los procesos naturales de la vida y de la muerte. La práctica de Reiki abarca la situación de muerte como una manifestación de la vida.

    La práctica de Reiki apoya los procesos individuales sin evitar ni agregar nada propio: es la persona y su propio destino los que irán manifestando el tiempo y el momento adecuado.
    Reiki propicia una íntima conexión y activa capacidades de auto acompañamiento hacia el bienestar. Esto representa un enorme beneficio a quienes están transitando el final de la vida, ya que para morir en paz, es necesario estar conectado con el interior para tomar contacto con el sentido que tuvo esa vida, y para poder el ciclo vital con conciencia.

    Reiki es una energía que incluye e integra todos los niveles y aspectos de la persona: cuerpo físico, mental, emocional y espiritual.

    Reiki puede ser aplicado hasta el último suspiro. La aplicación de Reiki no tiene contraindicaciones y siempre puede ser aplicado aún en condiciones físicas de mucha limitación. Por eso, cuando ya “no se puede hacer nada más”, siempre se puede dar Reiki.

¿Cómo se aplica Reiki  en el final de la vida?

La práctica de Reiki puede ser utilizada tanto por la persona que está transitando el final de su vida, como por algún familiar, enfermera  o terapeuta de Reiki que se dedique a ofrecer esta terapia en el acompañamiento.

Cualquier persona puede iniciarse en Reiki. Por lo tanto, si la persona que está en el final de su vida no se ha iniciado anteriormente, puede iniciarse y así aplicarlo ella misma en todo momento, colocando sus manos en su cuerpo. Reiki propicia una conexión con uno mismo profunda y consciente, lo cual es sumamente beneficioso en el proceso de crecimiento personal y expansión de la consciencia, procesos que tienen toda la fuerza  mientras las personas transitan el final de la vida.

También es muy frecuente que un familiar aprenda Reiki para poder tener en sus manos un recurso inmediato y sencillo para ofrecer en todo momento a la persona que está acompañando. Esto es sumamente beneficioso tanto para quien está muriendo como para el acompañante. Morir recibiendo Reiki de un ser querido es una bendición tanto en lo que respecta al individuo como en el vínculo entre ambos.

Cuando un ser querido está muriendo y ya no hay solución ni posibilidad de curación del cuerpo, aparece generalmente  un sentimiento de impotencia en su entorno más cercano. Muchas veces no se sabe qué hacer para enfrentar el proceso, la verdad de que se acerca el fin, para cerrar cuestiones pendientes o para ofrecer bienestar a quien está sufriendo.

Reiki es una práctica muy sencilla: cuando una persona está iniciada en Reiki, solo es necesario que coloque sus manos sobre la persona. Es tan simple, que siempre puede ser aplicada. Es tan grande, que siempre ayudará tanto al moribundo como a su ser querido.

“Aunque la persona que muere es alguien a quien conocemos o amamos, muchas veces ignoramos por completo cómo asistirla, y tras su muerte, no se nos alienta a pensar en su futuro, en la forma en que su vida podría continuar ni en cómo podríamos seguir prestándole nuestra ayuda. De hecho, cualquier reflexión de este tipo corre el riesgo de ser desechada por absurda y ridícula.” Sogyal Rimpoché.

Actualmente, Reiki se ofrece en muchas instituciones de la salud como parte del programa de cuidados paliativos: hospitales, clínicas privadas y hospices tienen enfermeras/os iniciados en Reiki y terapeutas de Reiki a disposición para ofrecer a los pacientes. En Estados Unidos, por ejemplo,  hay programas organizados dentro de las instituciones que ofrecen Reiki a pacientes y familiares.
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Espero te resulte de interes, Blanca

domingo, 13 de marzo de 2016

Hermosa Formación de Reiki Usui Tibetana - Nivel I


La importancia del fracaso

Por: Daniel Halpern


Me invitaron a participar y fui. Todos emprendedores digitales. Uno más exitoso que el otro. Se llenaron la boca de logros durante la hora y media que duró la reunión. Los yernos perfectos. El sueño de cualquier madre para una hija. Era como ver un perfil de Facebook o LinkedIn, pero en vivo y en directo.

Resultado de imagen para fracasoMe pregunté por qué no mencionaron los fracasos, ¿acaso en todo les fue tan bien? Lo triste es que veo el mismo fenómeno en los apoderados cuando preguntan en el WhatsApp del curso por la tarea de sus hijos para evitarles cualquier problema. El mundo 2.0 nos enseña que siempre debemos mostrar nuestra mejora cara. No lo dice explícito, pero nos obliga a esconder cualquier atisbo de fracaso. Y nosotros adoptamos la cultura exitista. Nos preocupamos tanto que incluso le enseñamos a nuestros hijos que debemos hacer sus cosas antes que ellos fracasen.

Ese es el problema. ¿Cómo una persona puede aprender del otro o hacer algo mejor si NUNCA le va mal? Nosotros no cambiamos cuando todo está bien. En el mundo 2.0 la imagen –el cómo nos ven- es tan relevante que nos está robando nuestra identidad –el cómo nos vemos-. Y para mejorar no es suficiente saber cómo nos vemos. Tenemos que enfocarnos en nuestra identidad. Debemos educar para convivir con fracasos, no a esconderlos. 

La tecnología nos lleva hacia esa dirección. Intenta facilitar lo que se nos hace difícil. Tiene a evitar en lo que tenemos más posibilidades de fracasar. Piense en Tinder, el sistema perfecto para conocer a alguien sin antes tener que pasar por la posibilidad que nos digan NO. Tinder elimina el sudor, el temor del invitar a salir y el posterior rechazo… es decir, el cara a cara a veces tan duro y estresante del encuentro personal. Además si la persona es rechazada, el golpe al ego es muchísimo menor que recibirlo en directo. Fue solo un mensaje. Una solicitud. Pero por otra parte si no hay rechazo, ¿cómo cambiamos?

Hay cientos de historias de personas que lograron crecer y desarrollarse solo después de un fracaso. Emprendedores que nunca hubieran logrado prosperar de no ser por las caídas anteriores. Cuando alguien fracasa se da cuenta que no siempre tiene razón, y en ese espacio de entendimiento, comienza a validar y aceptar las ideas de terceros. Y al incorporar las ideas ajenas, también crece. No es el centro del universo. Se hace humilde. 

Hay muchos ejemplos en los que puede observarse un crecimiento personal tras la derrota. Pero hay uno que es universal. Épico. Es una historia bíblica. Habla sobre la formación del primer líder de una nación. Es la historia de Moisés, que increíblemente rechaza la palabra de Dios por temor al fracaso. La Biblia cuenta que Dios se le aparece a través de una zarza milagrosa, que se quemaba pero sin combustión, y le pide que rescate al pueblo judío que había sido esclavizado por el Faraón en Egipto. Moisés se niega. Él estaba seguro que no sería capaz de lograr su liberación. Estaba seguro que fracasaría. Primero le dice que no es capaz. Luego que no habla bien. Después que no le van a creer. Posteriormente que no lo van a escuchar. Finalmente le pide que mande a otro. Pero Dios en cambio, después de un proceso de “coaching divino”, termina convenciéndolo. Le asegura que él lo va a acompañar, sube su autoestima y Moisés acepta.

Va a Egipto. Se reúne con los líderes. Llegan donde el Faraón ypide que los libere. Sin embargo pasa exactamente lo que él creía que iba a suceder: fracasa. Pierde. Se transforma en un looser para los ojos ajenos. Peor aún. El Faraón no solo se niega a liberar al pueblo, sino que además los explota aún más aumentando su cuota de trabajo diario. Terrible. Cualquier persona con baja tolerancia a la frustración habría dejado todo ahí. El Salvador aparentemente era un fiasco. La única tarea que tenía no solo deja de cumplirla, sino que además la empeora. Imaginen la reunión con los líderes después de eso. Sentados todos en el Directorio, los mira a los ojos y les dice: “Señores, el Faraón no los va a liberar. Y además dijo que ahora iban a tener que trabajar más. Lo siento”.

La historia posterior es conocida. Vienen las 10 plagas. Milagros para unos, castigo divino para otros. Y efectivamente el Faraón libera a los esclavos. Lo que no es tan conocido es que luego de su fracaso, la Biblia describe a Moisés como la persona más humilde que jamás haya existido. ¿Cuál es la relación? El liderazgo bíblico no se basó en la imagen. Moisés no lideró al pueblo con cientos de miles de seguidores en Twitter. Con millones de amigos en Facebook. Mostrando el ángulo perfecto en Instagram. Los intereses más adecuados en LinkedIn. El status más conveniente en WhatsApp. 



Los lideró después de haber conocido el fracaso más grande que una persona puede sentir. Y eso probablemente lo llevó a salir de su mundo. A empatizar con sus seguidores. A escuchar lo que el resto tenía que decir. A ser un líder, pero poniéndose en el lugar de los demás.

Del fracaso se aprenden muchas cosas. Humildad. Empatía. Tolerancia. Aceptación. Nos hace crecer. El mundo 2.0 es increíble. Tiene un potencial asombroso. Compartir lo que uno piensa. Organizar y movilizar a miles -sino millones- de personas. Pero si lo centramos solo en imagen, en el cómo me proyecto y no cómo soy, en vez de ayudarnos a salir de nuestro mundo nos encierra aún más. Tenemos la posibilidad de crecer, no la desechemos por un par de likes, followers o views. 


Cultivemos nuestra identidad, la imagen puede esperar, y el fracaso no es necesariamente negativo. Eduquemos a nuestros hijos para que ellos convivan con esa posibilidad, no con la imagen perfecta. Porque si les enseñamos a basar su autoestima en lo que los demás piensan, lo más probable es que la pierdan. 
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Espero te sea de utilidad, Blanca